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¿Qué son los bancos de hábitat?

 

Es un modelo económico de compensación de daños al medio natural causados por desarrollos y obras que crece y se expande en América Latina a través de legislación, la investigación científica y algunos programas voluntarios en las empresas.


De acuerdo a informes de la Unidad de Salvaguardias Ambientales y Sociales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) las compensaciones para la biodiversidad han cobrado ímpetu en una gran variedad de ámbitos, incluyendo legislación nacional, investigación científica, programas voluntarios en las industrias, y préstamos internacionales. "La adopción de políticas que no sólo alientan el desarrollo de las compensaciones a la biodiversidad sino que además requieren su implementación está proliferando a paso acelerado", sostienen.


En febrero de este año en Colombia se creó el primer Banco de Hábitat de América Latina y el Caribe, una iniciativa de un 1.5 millones de dólares financiada por el BID y el Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN). Este Banco de Hábitat pionero, ubicado en el Departamento de Meta, en Colombia, ha asignado 610 hectáreas al desarrollo de proyectos de restauración y/o conservaciones en compensación por los impactos residuales de algunos proyectos de desarrollo. 

 


Se espera que la iniciativa lleve a la restauración de 130 hectáreas de ecosistemas prioritarios de sabanas y bosques y la conservación de otras 475 hectáreas de tierra por al menos 30 años.
Sabemos que en el mundo se están invirtiendo más de 8.000 millones de dólares anuales de capital privado que buscan resultados ambientales y retornos financieros y queremos abrir esas puertas en Colombia con iniciativas como estas. Nuestro propósito es replicar este banco de hábitat en el país, e incentivar nuevos mecanismos de compensación para el cumplimiento de nuestras metas ambientales”, afirma Luis Murillo Urrutia, Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia.

 

 

El sistema de Bancos de Hábitat es un modelo de compensación de daños ambientales que nace en EEUU. Permite la compensación de daños al medio natural causados por proyectos, desarrollos y obras entre otros. 


Estos “bancos” están basados en la creación de valor ambiental,  en zonas degradadas o susceptibles de ser mejoradas ambientalmente, para comerciar con  el capital natural generado que se cuantifica en créditos ambientales. Esta figura se emplea para compensar los impactos negativos que se producen sobre los recursos naturales como consecuencia de la actividad económica. A partir de la compra de créditos ambientales, las empresas pueden compensar sus impactos negativos sobre el medio ambiente.
Bajo ese sistema de créditos, quien propone un proyecto puede asegurarse una cierta cantidad de valor de recursos naturales (es decir, créditos) en un “banco” para compensar por los impactos sobre esos mismos valores fuera del sitio donde se producen, lo que le permite cumplir con las necesidades de conservación mediante un pago único.


Las compensaciones tienen el potencial de aumentar los valores ambientales en situaciones en las que el desarrollo conlleva impactos residuales negativos, convirtiendo los costos en beneficios y los pasivos en ventajas”, sostiene Maria José Carreras, especialista de Medio Ambiente del BID.

 

La ONG WWF pone en duda su eficacia para conservar la biodiversidad y alerta de que incluso podría tener efectos contraproducentes, facilitando a las empresas pagar por producir un daño ambiental antes que evitarlo y minimizarlo. Los principales riesgos son una mayor aprobación de proyectos dañinos para el medio, los intereses especulativos que abre una herramienta de mercado y la difícil estimación de la “adicionalidad” que deben cumplir los bancos. 
Otra de las objeciones de los activistas es que esta herramienta "somete a la biodiversidad biológica a las reglas de la oferta y la demanda", tal como dijo el coordinador de Ecologistas en Acción, Francisco Segura, cuando el Gobierno español introdujo la figura de los bancos de hábitat en la ley de impacto ambiental de 2013. 


"La biodiversidad no se puede comprar ni vender", agregó Suárez, quien alerta de la "especulación" que pueden generar los créditos, ya que hay quien "puede comprarlos a bajo coste para luego revenderlos a las empresas".

 

Fuente: ComunicaRSE